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1968-1977
Las primeras escaramuzas
literarias de Bolaño
Viernes
16 de julio de 2004

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Roberto Bolaño junto a Bruno Montané,
uno de los infrarrealistas, en quien se habría
inspirado años más tarde, para crear su personaje de la novela "Los
detectives salvajes" (1998).Foto:Editorial
Asunción Sanchiz (1976)
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El
escritor vivió en Ciudad de México casi una década. Allá publicó sus primeros
poemas y armó una pandilla de veinteañeros medio anarcos, medio poetas, por
sobre todo, amigos entrañables: los infrarrealistas.
Los sobrevivientes evocan su figura.
Los amigos son tan
pero tan espeluznantemente
bellos que yo les gritaría Bienvenidos gozoso: lleno de lágrimas
así vinieran del Infierno
Robert Lowell
FELIPE OSSANDÓN
Bolaño vivió a la velocidad del rayo. Nació en Santiago de Chile en 1953,
pero al poco tiempo de nacer ya se estaba moviendo. O más bien sus padres, de
quienes heredó una historia trashumante.
Vivió en Santiago, en Cauquenes, en Valparaíso, en Los Ángeles. La familia
Bolaño Ávalos no alcanzaba a ordenar el closet,
cuando ya estaba empacando para partir otra vez, casi sin motivo aparente,
como si estuviera huyendo de una epidemia invisible y feroz.
Fue en 1968, después de una bucólica temporada en el sur de Chile, que
partieron a México. Más específicamente al Distrito Federal.
En esa ciudad enorme Roberto Bolaño comprendió que iba a ser escritor y desde
ese momento trabajó incansablemente hasta conseguirlo.
A los quince años dejó para siempre el colegio. De ahí en adelante se dedicó
a vagar por las calles, a robar libros y a leer.
Y fue durante esa travesía urbana que Bolaño se empapó del DF. Tan
intensamente, que buena parte de su obra se ha inspirado en esa experiencia.
¿Infra qué?
Y buena parte de esa experiencia (si es que no toda) está basada en la
amistad, en el amor que aglutinó a esa pandilla de poetas con quienes Bolaño
formó el infrarrealismo a mediados de los setenta,
movimiento contracultural cuyas alocadas correrías servirían de inspiración,
años más tarde, para Los detectives salvajes, la obra que lo instaló en el
cielo de las tragedias.
"Es un aire dionisíaco cruzado por una intensa
vocación de ser libres. Estos jóvenes nos enseñan a ser libres desde sus
propias, a veces, cárceles".
Así se refiere a los infrarrealistas el poeta
español Juan Cervera, en el breve prólogo que le hiciera a Pájaro de Calor,
la primera antología de poetas infras que apareció
publicada en México bajo sello Asunción Sanchís, en
1976.
José Vicente Anaya, Mara Larrosa,
Cuauhtemoc Méndez, Bruno Montané,
Rubén Medina, José Peguero, Mario Santiago y, por cierto, Roberto Bolaño,
firmaron en ese libro.
"Ocho voluntades y ocho sentimientos que nos hablan con fe y entusiasmo
de la vida con una hermosa y enorme carga de sensualidad liberada", se
explaya Cervera en el mismo prólogo.
De entre ellos, Bolaño y Santiago se alzaban como los inspiradores naturales
del movimiento: "la madrugada es de los sobrevivientes, un guerrero que
siempre ha sido pobre, que nunca ha dejado de amar. Nuestras chaquetas
blancas de escarcha y suspiros, nuestros besos más bien la certeza de
sabernos acorralados por el beso, nuevo y peligroso" (Roberto Bolaño,
"Estos patios parecen playas")
"Dejábamos de ser el sótano del Kosmos las
venas nos parpadeaban como submarinos en el fondo de mares revueltos/ mi
esperma en tus manos relampagueante vía láctea/ y a dúo al nihilismo harakiri
le dijimos No" (Mario Santiago, "Simphonie
D-Sang").
Viscerales, rabiosos, insaciables, ególatras. Pero sobre todo, amigos. Ambos
tenían 23 años. Los dos estaban publicando sus propios libros. Bolaño:
Reinventar el amor; Santiago: Los últimos dinosaurios y algunos cambios en la
atmósfera.
La energía desbordante de estos dos jóvenes poetas contagió con violencia al
resto de la tribu e influyó de manera determinante el destino de los infras:
"Tengo la idea de que Roberto se enamoraba de sus amigos. Su entusiasmo
para no-
sotros era tan notorio que nos inspiraba, y eso nos
llevaba a hacer cosas más geniales que las que hubiéramos hecho sin su
intervención".
La que habla es Carla Rippey, artista
estadounidense radicada en México, quien ayudó a Bolaño a publicar Reinventar
el amor (1976). Carla formó parte del infrarrealismo
sólo al principio: "Recuerdo que en la primera reunión en grande,
elaboré una idea de los infrarrealistas como una
agrupación de escritores y artistas visuales, con conciencia política, pero
Roberto me transmitió la información después de que para algunos de los
asistentes no fue del todo bienvenido que una gringa haya intervenido de
forma tan contundente. En fin, no fueron muy políticos ni muy panamericanos
hacia el norte. Eran simplemente los jóvenes prendidos y literatos que se
agrupaban alrededor de Roberto".
Claro que no todos los que estuvieron ahí piensan lo mismo. José Peguero,
quien fuera uno de los fundadores del infrarrealismo
tiene una visión distinta: "Roberto no era un líder. El infrarrealismo se caracteriza porque todos sus miembros
son personajes brillantes, hermosos. La palabra líder no aparece ni siquiera
dibujada en Los detectives.... Ése no es el camino que hay que seguir.
Compartir es más correcto. Ahí está el secreto que quieres descubrir del infrarrealismo".
Más o menos la misma impresión comparte su mujer, Guadalupe Ochoa (Xóchitl García en Los detectives...): "En realidad,
la primera vez que vi a los infras,
todos formaban una constelación de estrellas (brillantes, formando un
conjunto de individualidades, grupo de solitarios). No es que Roberto fuera
alrededor de quien girara el grupo, pero sí el más entusiasta promotor: el
más convencido de querer liderar un grupo; por eso escribió Los detectives
salvajes: había que darle vida al personaje que él quería ser. Mario Santiago
(como los otros: Bruno, Piel Divina, José) en cambio fue más consecuente con
su vocación por la marginalidad, por romper con los círculos literarios, por
hacer de su vida un poema maldito. Roberto era un contador de cuentos y la
mayor parte de sus personajes tienen algo de él (o precisamente algunos de
sus personajes son él mismo asumiendo sus personajes). En ese sentido y sólo
en ése, Roberto fue fiel a lo que quería ser, por lo menos en su novela
(líder de un movimiento), y los demás a lo que éramos. Sólo Roberto le apostó
al reconocimiento (algo rechazado por los infras
desde los manifiestos de 1976)".
Por esa época los infras se reunían en la Casa del
Lago y en los cafés de chinos del centro y en el café La Habana,
de donde partían a recorrer las librerías y las galerías de arte del DF.
Claro que no todas sus actividades tenían que ver con los libros:
"Éramos campeones de boxeo. Ahí donde se ponía un cuadrilátero, aparecía
un infra y boxeaba. Al final del día comentábamos
la hazaña", recuerda Peguero.
Otra de las personas que tuvo un papel fundamental en esta historia fue Juan
Esteban Harrington.
Aunque él no lo acepta, un par de personas concluyen que Harrington
habría inspirado a Juan García Madero, personaje central de Los detectives
salvajes.
Él lo niega: "Juan García Madero éramos todos", afirma este
productor audiovisual chileno, quien en esa época vivía en México. Y desde su
privilegiada posición de protagonista, comparte su recuerdo: "Bruno Montané (también chileno) y Roberto fueron a mi casa a
reclutarme para un proyecto que pocas semanas después conocí como el
Movimiento Infrarrealista.
Yo entonces tenía 15 años, escribía poesía y estudiaba en el Liceo Luis Vives. Tengo entendido que se enteraron de que yo
escribía porque mi madre secuestró unos textos míos y se los entregó a Helga Krebbs, mamá de Bruno, de
quien era gran amiga.
Me citaron para el día siguiente a un taller que consistía en un coordinador
y unos diez poetas medio proletarios que leían por turno sus
poemas. Luego se hacía una ronda de críticas y las poetisas se echaban a
llorar y los poetas ofendidos ofrecían combos y mentadas de madre, agarraban
sus escritos y se iban, o todo junto.
Roberto me adoptó, me explicaba las reglas y el código de ética infrarrealista, me daba libros a leer y vigilaba mi
progreso haciéndome leer mis nuevos poemas, de los que a veces aprobaba uno o
dos versos.
En esas primeras semanas de la tribu los miembros consistían en unos diez
poetas fijos más otros que entraban y salían del grupo según el humor del
día. Hubo algunos poetas que fueron y dejaron de ser infras
varias veces.
(...) Siento que lo que aglutinó todo fue, por un lado, la coherencia del
discurso de Roberto Bolaño con la vehemencia del discurso estético vital de
Mario Santiago. En pocas palabras: Roberto retrataba un corazón sangrante;
Mario lo traía en la mano"".
Vive rápido, muere joven
"Sobre la manera como se conocieron, Roberto lo escribió en su novela La
pista de hielo. Fue en el Café La Habana. Estuvieron
hablando junto a otros amigos. Después ellos siguieron hablando en la calle
durante la noche. Mario le dio un fajo de poemas, Roberto pasó la madrugada
leyéndolos, y al día siguiente después de esa conversación y lectura, Mario y
Roberto continuaron un encuentro que todavía no los suelta".
La que habla ahora es Rebeca López García, viuda de Mario Santiago, con quien
el poeta tuvo dos hijos: Mowgli y Nadja.
A pesar de que Rebeca no conoció a Mario Santiago en el tiempo de la fragua y
erupción de los infras, él la ayudó a revivir esa
época: "Me platicaba una y otra vez de muchas cosas, como si lo hubiera
vivido recién ayer, y así las fui viviendo yo también; Roberto, Bruno, Cuauhtémoc, Ramón, Mara, Juan
Esteban, Piel Divina, son seres reales con quienes él compartió un tramo chingón
de su vida. Quiero decir que es vida que sigue fluyendo".
Rebeca tampoco llegó a conocer a Bolaño, pero se enteró de él a través de su
marido: "Siempre me hablaba de él, de la intensidad de su amistad, que
en la distancia, y sin cartas, siempre continuó. Roberto le escribía cartas
que llegaban a través de amigos o en los últimos años a nuestro buzón, cartas
donde su letra, tan pequeña y nerviosa, decía tantas cosas y que Mario
cargaba consigo hasta que amenazaban con romperse, y aunque no las respondía,
escribía algún poema catapultado por alguna frase o pregunta de
Roberto".
Roberto Bolaño dejó México en 1977. También por esa época partieron Mario
Santiago, Bruno Montané, Juan Harrington
quienes se cruzaron en Europa en diferentes períodos. Todos volvieron alguna
vez. Todos menos Bolaño, quien, de todas formas, mantuvo contacto con México
a través de cartas que le envió a varias de las personas que conoció en esa
ciudad.
Una de ellas era Juan Pascoe, editor y fundador del
Taller Martín Pescador, sello donde Bolaño publicó Reinventar el amor:
"Cualquiera que lea las cartas que me envió, lo entendería cabalmente:
aquéllas no son cartas personales, son las cartas literarias de un joven
escritor en la composición de una nueva obra, comunicaciones para el futuro.
Todo el mundo era para él "carnada" para su sensibilidad literaria.
Todos corríamos el peligro de aparecer luego en alguna obra suya (algunos sí
aparecieron). Todos éramos actores en su escenario. La expresividad del modo
que tenía de hablar, un acento y una musicalidad que venía de quién sabe
dónde, era también el fraseo del escenario: no es que fuera distante y poco
amistoso, porque al contrario, no era ninguno de los dos: sino que nuestras
vidas, al lado de la suya, eran partes de su obra de arte. Despreciaba a mis
demás amigos poetas, y a mí mismo, con certera agudeza, y con un canto de voz
que sólo podía proceder de un poeta declamando versos ante el futuro que no
se le iba a terminar jamás".
La pista de Santiago
Barcelona, primavera de 1977. Carta de Bolaño a Juan Pascoe:
"Querido Juan, hacía días que no cogía la máquina (me lo he pasado esta
última semana escribiendo garabatitos muy pequeños en pedazos de papel rosado
y grasiento) pero ahora tengo ganas de escribirte una carta muy larga, tremendamente
efectista y elegante desde esta Barcelona La Loca -
mañana nublada, ritos primaverales suspendidos- por donde se mueven los más
bellos anarquistas del mundo (...). De Mario sin noticias últimas. Bruno
estuvo viviendo con él hace cosa de un mes. Yo viví con él hace dos meses.
Conoce París como si fuera la Colonia Portales.
Es amigo de los poetas jóvenes de París. Sale con exiliados chilenos troskos. Es el poeta mex más
joven de una antología que hicieron allá (creo que Deluy,
que estuvo en el Df dando recitales en Bellas
Artes) (...) Según Bruno, Mario asola los mercados Potin.
Iba a sacar una revista, TIKETURAID, dios andino, boleto para viajar, con
gente chilena y peruana y francesa. La revista sería bilingüe. No sé qué
habrá pasado".
Bolaño a ratos le perdía la pista a Mario Santiago, pero nunca dejaba de
preocuparse por él.
Carla Rippey puede dar fe de esta especie de
obsesión que sentía el chileno por Santiago, y que incluso se alargó mucho
tiempo después de que dejara México:
"(...) Su dedicación a Mario Santiago era notoria, y duró toda su vida,
y duró más que la vida de Mario. Recuerdo que cuando llegué a quejarme de
Mario en una de las cartas que le envié a Barcelona, Roberto me respondió:
'Sé buena y comprensiva con Mario, aunque te llame a las tres de la mañana y
te interrumpa un polvo. Cuélgale el teléfono, pero quiérelo. El día que Mario
se muera se van a ir literalmente a la chingada un montón de cosas que harán
mucho más pobres a los que viven en México y a los que hemos vivido en México'
".
Mario Santiago murió atropellado por un camión en el DF en enero de 1998, a los 45 años.
Bolaño murió de una crisis hepática en Barcelona a los cincuenta.
Todos somos un poco más pobres desde entonces.
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Estrella distante, $7.210
Los detectives salvajes, $8.670
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Llamadas telefónicas, $7.210
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Amuleto, $11.100
Entreparéntesis, $21.420
Putas asesinas, $17.730
El gaucho insufrible, $13.730
Nocturno de Chile, $15.110
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Una novelita lumpen, $9.950
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La literatura nazi en América, $9.580
La pista de hielo, $7.500
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Los perros románticos, $5.050
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Precios de referencia. (Chile)
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